El penúltimo contra el último.

Imagino que no descubro nada nuevo cuando escribo sobre enfrentar al penúltimo contra el último. Aunque yo conocía este concepto groso modo, nunca me había puesto a leer y a investigar sobre el tema.

El primer artículo que encuentro en internet sobre este tema aporta la siguiente descripción:

El mecanismo del conflicto horizontal

En lugar de permitir una tensión vertical (el pueblo contra el poder o las élites), el autoritarismo fomenta una tensión horizontal (ciudadanos vulnerables contra ciudadanos aún más vulnerables).

  • El "penúltimo" representa a la clase trabajadora precarizada, pequeños propietarios o ciudadanos que, aunque sufren dificultades económicas, sienten que tienen algo básico que perder (un empleo mal pagado, una pequeña ayuda estatal o un estatus social mínimo).

  • El "último" representa a los eslabones más débiles y desprotegidos de la sociedad: personas en pobreza extrema, inmigrantes, refugiados, minorías étnicas o perceptores de subsidios mínimos.

Sobre este tema se me ocurrió escribir hace más o menos un mes cuando durante el estallido de la crisis humanitaria en Ceuta, me saltó un video en mis RRSS de una mujer trans diciendo lo siguiente: “Yo soy una mujer trans, y esta gente pertenece a una cultura homófoba, tránsfoba y machista. Y cuando saltan la valla, lo hacen con su cultura a cuestas. Esta gente resulta un peligro para las mujeres como yo”. 

Ante semejantes declaraciones claro lo primero que me vino a la cabeza fue: “mira, la penúltima contra los últimos”. 

Vamos a hacer un pequeño repaso por la historia del siglo XX.

Al escuchar sus palabras lo siguiente que me vino a la mente fue un episodio de un podcast sobre curiosidades históricas. La curiosidad en concreto fue la Asociación de Judios que financiaron y apoyaron al partido Nazi. 

Si la idea de judíos financiando al Partido que los consideraba infrahumanos te deja tan a cuadros como cuando lo escuché yo, esto te interesa. 

Resulta que en 1921 se fundó la Asociación de Judíos Nacionales Alemanes, los cuales apoyaron a Hitler y su partido hasta 1935. Sus miembros colaboraron con los nazis en pro de la erradicación de la identidad judía y la expulsión de Alemania de los judíos de Europa del Este, a los cuales  los miembros de esta asociación consideraban inferiores. También estaban en contra de los comunistas que empezaban a propagarse por la Alemania de Weimar. Huelga decir que la mayoría de sus miembros pertenecían a una clase media de pequeños propietarios y empresarios que vieron amenazados su privilegios de clase. Los miembros de esta asociación vieron la retórica antisionista como lo que es , una forma de movilizar a las masas. Sólo que en lugar de movilizarlas contra sus patrones y los oligarcas lo hacían contra los que estaban aún más oprimidos, el último eslabón de la cadena. Paradojas de la vida el 18 de Noviembre de 1935 esta asociación fue declarada ilegal y su miembro fundador enviado a un campo de concentración. 

Este por supuesto no es el único ejemplo. Vámonos un poco más adelante en el tiempo y al oeste en el mapa, hacia el Estados Unidos de los 70. 


Si conoces la obra el Cuento de la Criada ya sea por la serie o por el libro, es posible que la villana/antagonista Serena te resultara tan magnética como a mi. Y no es sólo porque Yvonne Strahovski borde el papel que en su día escribió Margaret Atwood, que también. Lo que atrae de Serena es su contradicción. Es una mujer ambiciosa, que goza de atención, influencia y capacidad de liderazgo, pero emplea su talento y su esfuerzo en que las mujeres pierdan cualquier opción de llegar a esa posición. ¿Por qué? Porque no se vé como una más y no cree que el mundo que ella misma ayuda a crear pueda volverse en su contra. Para idear este personaje Atwood se inspiró en Phyllis Schafly. 


Mientras que activistas y pensadoras como Gloria Steinem o Bella Abzug luchaban para que la Constitución de Estados Unidos ratificara la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, Phyllis vió su oportunidad para ser necesaria. Pertenecía al ala más conservadora del muy conservador Partido Republicano y su principal preocupación era la seguridad nacional frente al terror rojo. Al no conseguir influencia dentro del partido por sus ideas radicales en este asunto, decidió emprender una cruzada contra las feministas. A base de alianzas con asociaciones conservadoras de todo el país y discursos llenos de falacias para convencer a las amas de casa estadounidenses de que les querían quitar sus “privilegios femeninos” como que sus hijas no fueran enviadas a morir a Vietnam o tener baños públicos separados por sexos, ¿esto te resulta familiar?, consiguió paralizar la enmienda que hubiera dado igualdad de derechos a las mujeres y hombres estadounidenses. Recalco lo de hubiera, porque a 2026 y por desgracia, esta enmienda aún no ha sido ratificada.


Lamentablemente para Phyllis, su cruzada no le sirvió para alcanzar sus objetivos personales. Su propio partido nunca la trató como una igual. No consiguió entrar en listas electorales, ni un puesto en la ONU como ansiaba. El patriarcado que tanto defendió se sirvió de su trabajo pero jamás se lo recompensó como ella hubiera querido. De nuevo, paradojas de la vida. 


Y por último, una mirada a la actualidad. El otro día una persona Trans, cuyos derechos civiles están directamente amenazados por partidos y asociaciones que se están nutriendo de la crisis humanitaria en Ceuta, se sumó a verter odio contra gente bastante mas desfavorecida que no ha tenido la oportunidad de tener un micrófono y una cámara delante. Y no se trata de un  caso particular. A lo largo y ancho de Europa surgen abanderados del movimiento LGTB, también dentro del propio colectivo, promulgando un discurso xenófobo y clasista contra la migración retratándola como un peligro contra su libertad sexual. Mientras esto sucede, son las asociaciones y partidos ultraconservadores las que niegan derechos civiles al colectivo y presionan para que se retroceda en los ya conquistados. 


Supongo que los miembros del colectivo que comulgan con las ruedas del racismo, como las actuales tradewifes continuistas de Philips Schafly, o los Judios Nacionales Alemanes en su momento, no piensan  nunca en que la rueda pueda atropellarlos.


Podría hablar sobre el estatus que España reconoció en 2009 de Refugiado LGTBIQ+, para personas del colectivo que migran por sufrir discriminación, persecución y violencia en sus países de origen. Os dejo información sobre el tema:


https://www.acnur.org/es-es/que-hacemos/salvaguardar-los-derechos-humanos/protegiendo-las-personas/personas-lgbtiq


https://www.foroinmigracion.es/web/guest/w/el-numero-de-refugiados-en-espana-por-razon-de-orientacion-sexual-crece-un-2-5-desde-2022


https://www.cear.es/sections-post/refugiados-lgtb/


O podría hablar de la situación de las mujeres y niñas refugiadas por su género, aquí información de interés:


https://www.acnur.org/es-es/noticias/comunicados-de-prensa/el-65-de-las-mujeres-y-ninas-reconocidas-como-refugiadas-en-espana


https://www.rtve.es/noticias/20260419/mujeres-refugiadas-violencia-genero-guerra-espana/16996353.shtml


También podría hablar sobre qué es el Derecho a migrar, pero aquí lo hacen mejor que yo:


https://www.abogacia.es/conocenos/fundacion/areas-trabajo/migraciones-ddhh/


En lugar de eso voy a dejar por aquí una carta de Saramago y me voy: 


Carta abierta a la solidaridad

Carta abierta de José Saramago, pidiendo papeles para todos

Lisboa, 3/12/1998


La identidad de una persona no es el nombre que tiene, el lugar donde nació, ni la fecha en que vino al mundo. La identidad de una persona consiste, simplemente en SER, y el ser no puede ser negado. Presentar un papel que diga cómo nos llamamos y dónde y cuando nacimos, es tanto una obligación legal como una necesidad social. Nadie, verdaderamente, puede decir quién es, pero todos tenemos derecho de poder decir QUIENES SOMOS PARA LOS OTROS. Para eso sirven los papeles de identidad.

Negarle a alguien el derecho de ser reconocido socialmente es lo mismo que retirarlo de la sociedad humana. Tener un papel para mostrar cuando nos pregunten quiénes somos es el menor de los derechos humanos (porque la identidad social es un derecho primario) aunque es también el más importante (porque las leyes exigen que de ese papel dependa la inserción del individuo en la sociedad).

La ley está para servir y no para ser servida. Si alguien pide que su identidad sea reconocida documentalmente, la ley no puede hacer otra cosa que no sea registrar ese hecho y ratificarlo.

La ley abusará de su poder siempre que se comporte como si la persona que tiene delante no existe. Negar un documento es, de alguna forma, negar el derecho a la vida. Ningún ser humano es humanamente ilegal, y si, aún así, hay muchos que de hecho lo son y legalmente deberían serlo, esos son los que explotan, los que se sirven de sus semejantes para crecer en poder y riqueza. Para los otros, para las víctimas de las persecuciones políticas o religiosas, para los acorralados por el hambre y la miseria, para quien todo le ha sido negado, negarles un papel que les identifique será la última de las humillaciones.

Ya hay demasiada humillación en el mundo, contra ella y a favor de la dignidad, papeles para todos, que ningún hombre o mujer sea excluido de la comunidad humana.


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