Ariana Grande, la presión y la vuelta a al canon de la extrema delgadez.
Cuando en las revistas o en los editoriales de moda hablan sobre tendencias se repite siempre un mantra concreto: "todo vuelve". Esto siempre me ha resultado curioso, porque lo dicen como si estuvieran hablando sobre el ciclo del agua, o del paso de las estaciones. Las tendencias no vuelven, las tendencias son traídas de vuelta. Si, en la moda de la ropa, el maquillaje o la peluquería hay tendencias que se ponen de moda, después dejan de llevarse y a los años vuelven a los escaparates. Pero este fenómeno no es un designio de la naturaleza, como que el verano suceda a la primavera. Son personas las que deciden por qué tendencia apostar y por cual no, y en esto tiene que ver como en todo la política. La moda, como el arte o la arquitectura es un testigo de su tiempo.
Pero... Llegó 2008-09 y las tendencias cambiaron. Aparecieron mujeres que eran referentes desde su propia diversidad. El crack del 08 supuso una revisión de todos los valores establecidos y la moda no se salvó. En medio de una crisis global, paro disparado, desplome del mercado inmobiliario y quiebra de negocios, tener aspecto de sufrir inanición, dejó de considerarse un valor estético. Y la explosión de la primera red social, como YouTube o mas tarde Instagram, trajeron consigo un amplio abanico de nuevos referentes con una estética ajena a la de las pasarelas y las alfombras rojas. Modelos como Kim Kardashian con reloj de arena, junto con modelos y actrices plus size que reivindicaban su lugar bajo los focos dieron lugar a la cultura del Body positive. Poco a poco surgió un ideal estético, que aunque no estaba exento de suponer una presión para las mujeres, no tenía como premisa ocupar el menor espacio posible, sino lo contrario. Las mujeres debían ocupar espacios y ser vistas. Este "nuevo" ideal estético (aunque en realidad no era ten nuevo) se retro alimentó del cuarta ola feminista que se gestó durante la crisis.
En España como en el resto del planeta, las mujeres fueron las que mas sufrieron la austeridad y los recortes, pero hubo dos grandes hitos en la formación de la nueva ola del feminismo. En 2014 el tren de la libertad, que consiguió lo que parecía imposible. Un ministro con mayoría absoluta tuvo que dimitir tras intentar retroceder a la Ley de plazos del aborto de los años 80. El otro gran hito, a nadie le sorprenderá fue la multitudinaria manifestación del 8 de Marzo de 2018, tras la fatídica sentencia por el caso de la Manada. En Estados Unidos un año antes había tenido lugar en las redes el movimiento #MeToo para denunciar los abusos de los oligarcas del cine a las actrices.
Tras un lustro de avances sociales y legislativos el movimiento feminista parece que está dejando de ser masivo para volver a un nicho custodiado por académicas e intelectuales. Podríamos teorizar si esto es consecuencia de la reacción promovida por la machosfera que ha dado lugar a fenómenos como los "incels" o las "tradewifes". O si la causa de este declive es la propia división dentro del movimiento por ese empeño de un sector del feminismo en intentar excluir a las mujeres trans. Pero no lo voy a hacer, al menos en esta columna.
La cuestión es que este retroceso o reducción de la ola feminista trae consigo una nueva estética que se contrapone a la anterior. De los pelos de colores vivos y con volumen se ha pasado a los tonos naturales en una coleta o un discreto recogido. De las sombras de ojo de fantasía, el brilli brilli o las rayas del ojo infinitas se ha pasado al llamado "clean look" también conocido como maquillada para que parezca que no. De los colores fluor, las sobrecamisas de cuadros y los vaqueros con siete rotos, pasamos a tonos tierra y algo parecido al estilo "old money" aunque se valla de Shein de los pies a la cabeza.
Tras años de discursos dirigidos a mujeres sobre la importancia del ejercicio no solo para tener una figura esbelta sino para conseguir fuerza y autonomía en la vejez, aparece un fármaco que te promete una delgadez casi instantánea, asequible y menos invasivo que una cirugía. Y de repente las alfombras rojas se llenan de mujeres esbeltas y delgadas, en los reportajes que antes ensalzaban las sinuosas curvas de tal o cual actriz ahora alaban la elegancia de las clavículas marcadas, y del esternón de tal o cual cantante. Y esto ocurre en un momento en que la estética promovida para las mujeres desde las industrias del sector es mucho mas sutil y discreta, a la vez que las redes se llenan de creadores de contenido con pinta de llamar a Pérez Reverte "Don Arturo" se inventan el concepto de "mujer de valor" para definir a una mujer que sabe estar en su sitio, un sitio pequeño, discreto y silencioso.
En este momento aparece de repente Ariana Grande con un aspecto enfermizo, se da por hecho que ha desarrollado un TCA y la reacción es echarle la culpa. Ariana Grande está enferma y por la reacción de la prensa y muchos de sus fans parece que es la de que lo hace aposta. "Ha comprado un marco estético que se contrapone al feminismo así que la culpa es suya. Es un mal ejemplo para las jóvenes y niñas que la siguen y quieren ser como ella y la culpa es suya." Este es el mensaje que se puede leer sobre ella desde que empezó a promocionar la primera parte de The Wicked.
Nadie decide estar enfermo. Ariana Grande no se levantó una mañana y decidió desarrollar un TCA. Machacarla por sucumbir a la presión y al canon estético del momento no va a hacer que se recupere.
En lugar de lanzarnos despedazar a una persona con nombres y apellidos y poner el foco en ella y su enfermedad, estaría bien por una vez no culpabilizar a la víctimas. Estaría bien oponer el foco en cuales son las circunstancias que han hecho que desarrolle su problema. Estaría bien.

Comentarios
Publicar un comentario