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Farenheit 451 La distopía que demonizó a las masas.

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  Farenheit 451 es uno de esos libros que la gente espera que te hayas leído en el instituto. O al menos eso me dijo mi madre cuando un amigo me lo regaló por mi cumpleaños seguido de la muletilla “no me creo que no lo hayas leído”. He de decir que yo me alegro de haberlo leído a los 30 y no a los 15 porque hay bastantes cosas que no sé si hubiera percibido en mi adolescencia.  Ray Bradbury escribió esta distopía a la que muchos intelectuales han hecho referencia últimamente para comentar este presente tan voluble en el que vivimos. A grandes rasgos retrata una sociedad anestesiada, constantemente bombardeada por mensajes publicitarios y todo tipo de estímulos. En las casas, las pantallas ocupan todas las paredes de una sala, en el transporte público se reproducen cuñas machaconas constantemente; y si vas en coche sólo puedes percibir unas gigantescas vallas publicitarias porque la velocidad mínima es de 80 km por hora.  Todo son estímulos, velocidad y peligro, de modo q...

¿Para qué quiero ser productivo?

  Un día me sorprendí pensando que ojalá los días tuvieran 30 horas. Honestamente, vaya mierda de deseo. Quiero decir, te pones a pensar que ojalá ocurriera algo que cambiaría tu realidad, la realidad en general y lo que pides es 6 horas más cada día… ¿6 horas más para qué? Supongo que es algo que todos hemos pensado alguna vez, todos querríamos más tiempo para dedicar a lo que no podemos porque no nos da la vida. Pero en lugar de pensar ojalá trabajase de martes a jueves, yo pensé que lo ideal era alargar los días un 25% más.  Después recordé el concepto de productividad que me explicaron en clase de economía en el instituto. “ Productividad es el resultado de la técnica con la que aplicando la menor cantidad de recursos en un tiempo determinado se puede obtener la mayor cantidad de productos o ofrecer un servicio a la mayor cantidad de gente posible ”. O algo así recuerdo. Esa definición se aplica a empresas, pero yo no tengo ninguna. Ni siquiera trabajo por cuenta propia. S...

El penúltimo contra el último.

Imagino que no descubro nada nuevo cuando escribo sobre enfrentar al penúltimo contra el último. Aunque yo conocía este concepto groso modo, nunca me había puesto a leer y a investigar sobre el tema. El primer artículo que encuentro en internet sobre este tema aporta la siguiente descripción: El mecanismo del conflicto horizontal En lugar de permitir una tensión vertical (el pueblo contra el poder o las élites), el autoritarismo fomenta una tensión horizontal (ciudadanos vulnerables contra ciudadanos aún más vulnerables). El "penúltimo" representa a la clase trabajadora precarizada, pequeños propietarios o ciudadanos que, aunque sufren dificultades económicas, sienten que tienen algo básico que perder (un empleo mal pagado, una pequeña ayuda estatal o un estatus social mínimo). El "último" representa a los eslabones más débiles y desprotegidos de la sociedad: personas en pobreza extrema, inmigrantes, refugiados, minorías étnicas o perceptores de subsidios mínimos...

Ariana Grande, la presión y la vuelta a al canon de la extrema delgadez.

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Cuando en las revistas o en los editoriales de moda hablan sobre tendencias se repite siempre un mantra concreto: "todo vuelve". Esto siempre me ha resultado curioso, porque lo dicen  como si estuvieran hablando sobre el ciclo del agua, o del paso de las estaciones. Las tendencias no vuelven, las tendencias son traídas de vuelta. Si, en la moda de la ropa, el maquillaje o la peluquería hay tendencias que se ponen de moda, después dejan de llevarse y a los años vuelven a los escaparates. Pero este fenómeno no es un designio de la naturaleza, como que el verano suceda a la primavera. Son personas las que deciden por qué tendencia apostar y por cual no, y en esto tiene que ver como en todo la política. La moda, como el arte o la arquitectura es un testigo de su tiempo.  A principios de los 90 y hasta finales de la primera década de los 2000, el canon por excelencia fueron las Top Model y el minimalismo. Y ese minimalismo también se aplicó al cuerpo de las modelos. La mujer p...